La Lluvia

Para mi querida lectora y comentadora preferida,
Andrea.

Era uno de esos dias en los que sentis que se va a agotar el agua del mundo de tanta tormenta.
Sentia que mi paraguas no bastaba para tanta agua, mis botas rojas nadaban en un oceano de oportunidades, oportunidades que perdí.
Mi gran sueño estaba ahí, hoy podía ser que por fin llegue a él.
Al caminar me imaginaba la vida de las personas, porque ese hombre parecía tan gruñon, porque esa señora parecia perder la paciencia y porque justamente esa chica que estaba sola esperaba a alguien que quizas nunca vendria.
Ella lo esperaba a el, esperaba que el cambiara y que acepte esta ultima oportunidad, sus lagrimas caian como este dia tan gris y triste. Ella escuchaba canciones tristes para desahogarse en ellas. Alguna vez me paso.
Segui caminando por las largas calles de mi cuidad, todas parecidas y tan diferentes al mismo tiempo.
El cielo estaba enojado. Tan enojado como la señora que pasó cerca mio discutiendo con su marido.
Solo espero que nosotros no lleguemos a eso.
Como las hojas, volamos hacia nuestro destino sin encontrar ningun camino.
Mi piloto amarillo de mi audicion para "Singing in the rain" me venia perfecto para este dia.
El viento me llevaba por calles desconocidas.
La calle estaba inundada por el familiar olor a panqueques.
Ese chico que veia tantas veces, que me parecía conocido me sonrió. No supe que hacer, el solo caminaba en la vereda de enfrente.
Su pelo se veia alborotado por el viento.
Se veia bien. Se veia lindo.
Dos calles y me encontraria al lado de mi gran sueño. O de mi fracaso quien sabe?
Me siento tan pequeña dentro de este mundo.
Las hojas del otoño, volaban alrededor mio. Un auto pasó y mojó a una señora, mientras ella se quejaba, el chico misterioso se reia. Me gustaba su sonrisa.
Cuando por fin estabamos en la calle Scribe, en donde, por primera vez desde que salí de casa, mire mi reflejo en un charco de agua.
Al verme, pense que nada saldria mal, que como me dijo mi abuela, habia nacido para esto.
Rubiona me llamaba ella. Mientras contemplaba mi reflejo vi otro a la par del mio.
El me sonreia. Un bonito hoyuelo se marcaba en su rostro.
Abrió la puerta del gran teatro con elegancia, y, como si yo fuera su princesa y el mi principe; preguntó:

- Vas a entrar?

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